(Según la Real Academia Española, dechado es la muestra que se tiene presente para imitar. Ejemplo y modelo de virtudes y perfecciones)

De acuerdo con la Cartilla del Cuerpo: “El Guardia Civil por su aseo, buenos modales y reconocida honradez, ha de ser un dechado de moralidad” (Art.2)

Ser una de las instituciones más valoradas y queridas por los españoles obliga, a quienes voluntariamente deciden integrarse en la Guardia Civil, a honestar sus valores cardinales: “Patria, Rey, Orden y Ley”.

Un dedazo de moralidad imagenEs en el apartado “Orden y Ley” donde hay que acomodar el consenso que resulte del debate abierto sobre “policía personal y aspecto físico”, que busca fomentar la imagen de neutralidad del Cuerpo.

El atuendo y comportamiento de los agentes, desgranado en una serie de normas a propósito de las preocupaciones del regulador; abarca el aspecto físico (peinado, bigote, barba, uñas, maquillaje, accesorios, pendientes y perforaciones) y el trato con la ciudadanía.

Como suele ocurrir, la atención se ha concentrado en dos cuestiones: los tatuajes y la prohibición de fumar durante el servicio.

El cine y la literatura han ido ilustrando sobre el uso de los tatuajes. Antes de la explosión de esta moda (hace 30 años en EEUU), solo los llevaban presidiarios, legionarios y marinos que llevaban grabada la historia de su vida en la mar, su búsqueda de fortuna, las mujeres que dejaron en cada puerto o los lugares que habían visitado.

Siempre ligado al peligro que ofrecía su peripecia vital, fue usanza llevar el tatuaje de un cerdo en un pie y de un gallo en el otro, porque, estos animales tenían animadversión al agua y al tiempo eran marcas que protegían contra la muerte por hambre abordo, al representar dos buenas fuentes de alimentación: el jamón y el huevo.

Su uso se ha extendido y salvo Cristiano Ronaldo, raro es el jugador de fútbol, actor de cine, cantante o meritorio de la moda o el diseño, que no lleva tatuadas unas flores en el tobillo, una hoguera ardiendo encima del ombligo o las aspas de Borgoña en el antebrazo. Y eso, sin entrar en honduras, como el del hombre sentado de espaldas, con una pistola metiéndose un tiro en la cabeza, con una frase: “la eternidad depende de una hora, la última”.

Los detractores de una moda que, por su crecida y ensueño, no tiene fronteras, formulan la pregunta critica ¿perjudica la existencia de tatuajes al desempeño de su labor como guardias civiles?

La respuesta, afirmativa, de los responsables de velar por el “orden y la ley, tiene que ver con el anonimato personal, con no llevar nada que delate inclinación, creencia, devoción o cosa alguna que permita identificarlo con algo que no sea el uniforme, que es su seña de identidad profesional.

También con la seguridad. La superioridad no quiere marcas que permitan el reconocimiento de un agente. Los tatuajes visibles los hace identificables y eso, en la lucha antiterrorista puede ser un problema.

Se mantiene la prohibición de que los tatuajes sean visibles, de modo que los guardias tendrán que taparlos o someterse a intervenciones para su eliminación en el plazo de tres meses.

Para las asociaciones de la Guardia Civil, esto es sinónimo de “inmovilismo y falta de voluntariedad” por parte del mando, quizás omitiendo que la norma (a propósito de los tatuajes visibles), ha estado siempre vigente para cualquier cuerpo policial.

Para el observador externo, la prohibición de tatuajes visibles, resulta acorde al buen sentido y pertinente, máxime para aquellos que contengan “expresiones o imágenes ofensivos a la Constitución española, autoridades o virtudes militares, que supongan desdoro para el uniforme, que puedan atentar contra la disciplina o la imagen de la Guardia Civil en cualquiera de sus formas, que reflejen motivos obscenos o inciten a discriminaciones de tipo sexual, racial, étnico o religioso”.

La prohibición de fumar tiene una naturaleza distinta. Si algo caracteriza la prestación de un servicio en este Cuerpo es su potencial dilatación y complejidad, en el tiempo y en el espacio.

Esto se inscribe en la interdicción de fumar y consumir comida y bebida -excepto agua- para evitar distracciones durante un servicio de vigilancia.

Considerando los padecimientos propios de un ex fumador, el borrador debería hacer un esfuerzo por ser generoso en circunstanciarlo, pues una guardia de invierno, de noche ciega, en la Cuesta de las Perdices, sin poder “echar un pito”, es una práctica que no está al alcance de cualquiera.

Acomodar ‘orden y ley’ a los nuevos tiempos, exige neutralidad, pero también compasión, en el sentido anglosajón de la palabra. Con un lugar confortable en el capítulo del sufrimiento, del que tantas muestras da la Guardia Civil.

El “dechado de moralidad” es la seña de identidad que mejor define la excelencia de este Cuerpo admirable.