28ª jornada, novena semana de la causa en el Tribunal Supremo.

• Declara un cabo primero de la Guardia Civil que actuó el 1 de octubre en un pabellón municipal de Sant Carles de la Rapita (Tarragona).

Ha dicho que su misión era custodiar los vehículos de la Guardia Civil y que en la puerta del centro de votación había unas 300 personas. “La masa se abalanza sobre nosotros y recibí un impacto de una moneda en la cara, cerca del ojo derecho. Me hizo una pequeña herida y se me hinchó”. El cabo ha completado el relato, diciendo que la herida le produjo sangre y tuvo que ser atendido por el médico.

“A la salida nos lanzaron bastantes piedras. El convoy, 20 vehículos, quedó cortado y las piedras fueron contra la última parte. Eran piedras que estaban en una rotonda. Algunas de las piedras no cabían en la mano”. Las pedradas causaron roturas en dos cristales de sendos vehículos.

El letrado Van den Eynde ha preguntado si el incidente de las piedras quedó recogido en algún vídeo. El cabo: “Lo vi en directo”.

• Segundo testigo, otro agente de la Guardia Civil.

A preguntas del fiscal ha descrito que al llegar al colegio electoral, al intentar interactuar con una persona que tenía enfrente, este ciudadano le agarró del dedo y se lo retorció. El agente fue atendido por un médico en Tarragona, donde se confirmó que el dedo, de la mano izquierdo había sufrido una fractura, que le mantuvo cinco meses de baja para el servicio.

El grupo del agente no llevaba material antidisturbios; después llegaron dos equipos de reserva bien equipados, que lograron desplazar a los concentrados ante la “importante y pertinaz” oposición de estos, que lanzaron ‘escupitajos, patadas y empujones’. “Una vez que se terminó y se logró acceder al centro, tras una hora, nos retiramos sin ningún tipo de incidente”.

A preguntas de la abogada Roig, el agente ha referido: “Me consta que miembros nuestros del cuerpo, de policía judicial, hicieron grabación de esta actuación y los fotogramas del atestado están sacados de esa grabación oficial”.

• Tercer testigo, otro agente de la Guardia Civil, que actuó el 1 de octubre de 2017 en el Instituto Antonio Ballester en Montroig del Camp (Tarragona). 1.000 habitantes.

El testigo ha relatado forcejeos con la masa: “Yo pertenecía a la unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia, había unas 250-300 personas en el instituto. La valla metálica del colegio estaba cerrada con llave. Se negaron a abrir y usamos un ariete. Se les dijo que se apartaran, pero no hicieron caso, se rompió la cerradura con el ariete. Cuando llegamos ya nos estaban esperando. Usamos las defensas dando puntazos en la cadera, y parte baja del cuerpo, ellos seguían dando patadas, no fue posible empujar la valla, y se usó un espray de defensa personal de dotación y así pudimos acceder”.

Ha contado el agente: “Me pegaron una patada y tuve una contusión en el quinto dedo de la mano derecha y tuve que ser intervenido quirúrgicamente, perdí la movilidad del dedo. Estuve 152 días de baja”. “Yo no vi ninguna actuación de los Mossos d’Esquadra. A nosotros no nos ayudaron, no sé si a otros compañeros sí, pero a nosotros no”.

El abogado Melero, defensor de Forn, ha preguntado si sabían que iban a encontrar un binomio de “Mossos” en cada centro. “Nos dijeron que iba a haber “mossos”, pero no se cuantificó”.

A preguntas de la abogada Roig, el agente ha relatado: “Mi unidad no llevaba cámara de grabación, desconozco si los demás llevaban. Creo que policía judicial grabó las actuaciones, porque me enseñaron unos vídeos”.

• El cuarto testigo es otro agente de la Guardia Civil, que participó en el mismo operativo que el testigo anterior.

El testigo ha asegurado: “La actitud era absolutamente hostil y provocativa ante nuestra llegada. Los 200 o 300 concentrados proferían insultos y abucheaban. No pasaréis, fascistas, nos daban patadas, zarandeaban la verja…Había tal cantidad de gente que por presión era imposible acceder al centro”.

“En un momento decidí hacer uso de mi defensa reglamentaria para intentar rectificar el comportamiento de la persona que se encontraba en frente mía, no tenía más intención que intimidarlo, pero él intentó arrebatármela por sorpresa y la mano se me quedó entre la valla y la defensa. Una vez finalizada, di cuenta de las lesiones, tuve que ir a una gasolinera a comprar una bolsa de hielo y le solicité a mi superior asistir a un centro médico para recibir las primeras atenciones. El médico de urgencias me hizo unas pruebas y en el parte médico figura un esguince de muñeca en la mano izquierda, estuve entre dos y tres meses de baja”.

El guardia ha proseguido: “Salimos retrocediendo sin dar la espalda a la masa, teníamos miedo de que nos pudieran atacar, estaban encolerizados. Personalmente me sentía bastante orgulloso de haber cumplido las órdenes que se habían dado, cumplimos con nuestra obligación y no tuve la sensación de que la masa nos hubiera echado de Montroig”

A preguntas de la abogada Roig, ha respondido: “Sí, es verdad que se utilizó el espray, que nos adjudica la Guardia Civil como dotación y es decisión propia de cada guardia utilizarlo. El objetivo del espray es evitar males mayores; es más disuasorio que otra cosa, tiene una distancia de uno o dos metros y tiene como efecto picor de ojos, tos, y en casos muy severos puede provocar vómitos, pero no es habitual”.

• El quinto testigo es otro agente de la Guardia Civil, que intervino también en el instituto de Montroig del Camp (Tarragona).

El testigo ha relatado que, además de la gente de la valla, en el perímetro del instituto había gente entre los vehículos. “La gente estaba en actitud hostil. A mí no se me escupió, a mí se me encomendó otra misión y estaba más atrás”.

Su misión era meter los efectos de la votación, como urnas o papeletas, guardarlas en su furgoneta y custodiarlas. también fue lesionado, en este caso por una acción fortuita de un compañero.

Ha extendido el relato: “Había gente que seguía los vehículos cuando nos íbamos, nos iban empujando hacia las afueras de la población”.

• El sexto testigo, un cabo de la Guardia Civil, que intervino el 1-O en el Ayuntamiento de Garrigàs (Gerona).

“La agresión que sufrí fue a la salida, había tanta gente que era imposible salir con el material, íbamos en fila uno detrás de otro y había pequeños tramos de escalera. Un compañero de la USECI (agentes de seguridad de la Guardia Civil) perdió el equilibrio y desprotegió el cordón de seguridad. Un señor corpulento me lanzó un puñetazo con un manojo de llaves. Intenté esquivarlo y me hizo un arañazo sobre el ojo derecho”, ha contado el cabo que acudió a tratarse al día siguiente. “Después de recibir la agresión, nuestra comitiva, siguiendo instrucciones, emprendimos la carrera hacia el exterior del recinto en busca de los coches oficiales. Salí corriendo, porque temí por mi integridad física. El sentimiento de miedo lo tenía bastante presente al haber recibido la agresión”.

• El séptimo testigo es otro agente de la Guardia Civil, que intervino también en Garrigàs (Girona). 400 habitantes.

Su unidad acudió en labores de apoyo para montar un pasillo de seguridad a los compañeros que acudieron a retirar las urnas.

“La gente se abalanzaba sobre ellos y no podían controlar la situación, que se había vuelto complicada. Era difícil establecer el cordón, nos lo rompían, nos empujaban. Había gente que nos insultaba…En un momento recibo un fuerte golpe en la tibia. La orden era muy clara: montar el dispositivo y en cuanto se pueda replegar sin detenerse. El repliegue fue muy difícil, en el momento que sale gente del local, la gente se altera más y cuando salen los compañeros con una bolsa negra de basura, todo se altera mucho y nos perseguían hasta los mismos vehículos. Salimos aceleradamente”.

• El octavo testigo, otro agente de la Guardia Civil que también actuó en Garrigàs (Girona).

“Les escuché decir ‘cogeos de los brazos’ y ‘no pasarán’ (…). Nos dijeron hijos de puta, cabrones, gilipollas. Nos dieron empujones y patadas….Hicimos el uso imprescindible de la fuerza y ellos atravesaban el cordón. En un momento, me dieron un codazo y me provocó un hematoma. Fui a tratarme el 3 de octubre”.

• El noveno testigo, un agente de la Guardia Civil que actuó en la localidad de Esponellà (Gerona) 456 habitantes.

“El jefe de dispositivo nuestro -al que volaron las gafas en el tumulto- no tuvo opción de explicar a los concentrados que traían una orden judicial de requisar el material del referéndum, no querían dialogar con nadie”. “Distante del local había dos “mossos”, estaban retirados. El jefe del dispositivo requirió su asistencia y nos dijeron que tenían que consultar con sus superiores; es cierto que a la salida había cuatro o cinco agentes de la policía autonómica. “Había unas mesas con bolsas de Mercadona o algo así, como simulando que se iba a realizar una comida”.

La abogada Roig le ha preguntado si hubo llamamientos a la calma entre los concentrados. Ha respondido el brigada: “Se identificó presente en el lugar al alcalde de la localidad y ahí no se dijo nada para apaciguar el tema”.

El juez Marchena, antes de llamar a declarar al siguiente testigo, advierte al público que “está terminantemente prohibido el uso del móvil”.

• Décimo testigo, un comisario principal de Policía Nacional

Era jefe del área de Información en la llamada Operación Copérnico, contra el referéndum ilegal de autodeterminación. Oculta su rostro a las cámaras.

Ha asentado que está siendo investigado por “coacciones graves”, en relación con el acoso a la sede de la CUP el 20 de septiembre de 2017.

El juez Marchena le ha dicho que puede acogerse a su derecho a no declarar a preguntas que le puedan incriminar en esa causa.

El comisario ha respondido al presidente del tribunal: “Estoy dispuesto a contestar a cualquier cosa”.

“Cada responsable tenía 30 miembros del Cuerpo Nacional de Policia, no uniformados, que iban a intervenir el día 1. Los responsables de cada colegio, antes de acceder, tenia que establecer comunicación con La Berneda donde estaba el centro de mando. Con esa información, recabada por nosotros, le devolvíamos la instrucción que procediese, y el responsable de cada colegio consultaba al responsable de la UIP (antidisturbios) si se podía acceder”.

El comisario ha confirmado que en ese circuito de toma de decisiones él era el último responsable de dar luz verde a la entrada en los colegios.

A preguntas del fiscal Javier Zaragoza, el testigo ha respondido: “Las unidades de información empiezan a comunicarse con nosotros a las 6.30 de la mañana y la primera actuación de Policía Nacional el 1-O fue sobre las 8.30. La aproximación a los colegios se hace de modo que el responsable de orden público, con un megáfono advertía a los concentrados de que se iba a proceder a una intervención en cumplimiento de la orden del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC). Se intentaba identificar a las personas que constituían las mesas de votación y se incautaban los efectos e instrumentos de la votación. Cada responsable de la unidad llevaba una copia del auto del TSJC prohibiendo el referéndum”.

El comisario ha afirmado que se renunció a entrar en varios colegios, por “motivos de seguridad” o porque el colegio era de titularidad privada.

Sobre el dispositivo contra el referéndum ilegal, el comisario jefe ha dicho: “No hubo dos colegios iguales, en unos el personal era más aguerrido, en otros los ciudadanos eran más vanguardistas y en Barcelona es más sencillo organizar a la gente y, donde al principio solo había cien o 200 personas, en diez minutos podía haber tres veces más. No había dos colegios iguales, y la fuerza hubo que utilizarla, claro que sí”.

El comisario ha sostenido que la fuerza utilizada fue “proporcional” y que se primó la seguridad de las personas sobre la eficacia.

“Si lo hubiéramos hecho al revés habría habido más detenciones e identificaciones y no se habría levantado a la gente con las formas que se emplearon el 1 de octubre. Cuando se producen las aproximaciones, el dispositivo cambiaba, en unos parecía que estaban votando y se convertía en un sistema de resistencia de carácter subversivo. No es muy complicado y la resistencia pasiva siempre acaba en resistencia activa. La intervención de las unidades de orden público fue más que medida, fue quirúrgica”.

El comisario relata un “Incidente en los servicios centrales de la Conselleria d’Ensenyament. Allí, la consejera Clara Ponsatí, (huida al Reino Unido), “opuso una gran resistencia, poco menos que se erigió en mediador del colegio y un “mosso” que le prestaba escolta se identificó como tal”.

El comisario principal del CNP ha afirmado: “Los binomios de los “Mossos” estaban en actitud expectante y contemplativa. Con los grandísimos profesionales que tienen los Mossos, no quiero hablar del mal diseño del dispositivo, por ejemplo en los incidentes terribles del Ramon Llull, un inspector nuestro se quedó en un corte y se quedó solo y un coche de “Mossos” lo sacó de allí, si no se lo comen”.

“Algún “mosso” fue de un colegio a otro entorpeciendo nuestra labor; eso no tiene sentido. Detectamos muchísimas actuaciones que solo puedo concluir que eran para facilitar el referéndum, estaban permitiendo el recuento, diciendo que se podían llevar las urnas a casa… Pero realmente lo que fue terrible es que algunas actuaciones solo podían responder al diseño del propio dispositivo, los seguimientos, cuando fuimos a un determinado punto a pedir refuerzos, equipos camuflados de “Mossos” nos siguieron. Un componente de un binomio alertó a los concentrados de la llegada de la Policía Nacional”.

El testigo, ha atribuido estas actitudes, que ha calificado como “deleznables”, a decisiones personales de los agentes de la policía autonómica. “A la hora de intervenir en los colegios nosotros no contamos nunca con el apoyo de los Mossos d’Esquadra”.

Se ha referido a los tuits de los Comités de Defensa del Referéndum (CDR), con instrucciones para llenar, desde horas antes de su apertura, los colegios electorales el día del referéndum ilegal: “Monitorizar las redes sociales de los CDR no supone un plus investigativo muy especial”.

El abogado Javier Melero ha preguntado al comisario si tuvo conocimiento del plan de actuación del Cuerpo Nacional de Policía, a lo que ha respondido el testigo: “Doy por bueno lo que me comunicaba el jefe de Información de Barcelona. Yo no soy responsable territorial”.

A preguntas del letrado que defiende a Forn, ha respondido: “Nadie me dijo que fuéramos a actuar en coordinación con los “Mossos”. Nosotros solo teníamos fuerzas de orden público para garantizar la entrada en los colegios, no para garantizar la seguridad en Cataluña. A las ocho de la mañana del 1-O sabemos que el mecanismo de coordinación con “Mossos” no va a funcionar”.

Ha preguntado Melero: “¿Cuándo traslada al coordinador la insuficiencia del dispositivo de “Mossos”? Ha respondido el comisario: “A las seis y media de la mañana del 1 de octubre, cuando hablamos con nuestra gente en la calle ya le trasladamos que el dispositivo es insuficiente. El dispositivo era para un referéndum normal”.

Turno para el letrado Van den Eynde, que ha preguntado al testigo por los criterios de actuación policial el 1-O. El comisario le ha contestado: “Entiendo que la UIP tiene sus criterios de actuación, pero tengo claro que no cargaron, si hubieran cargado el resultado hubiera sido otro. Los miembros de orden público de la Policía saben distinguir lo que es una resistencia pasiva mucho mejor que yo”.

El comisario ha rechazado la idea de que el dispositivo policial del 1 de octubre tuviera en cuenta en qué colegios iban a votar los líderes políticos y sociales independentistas.

El letrado Solà ha preguntado al comisario por la entrada en colegios de titularidad privada. El mando policial ha admitido que pensaba que eran públicos y que “el listado venía viciado”.

El juez Marchena ha impedido al abogado defensor de Cuixart preguntar al testigo sobre sus conceptos sobre resistencia pasiva y activa.

El comisario ha tirado de sarcasmo para responder a Solà, que le ha preguntado si los tuits de los CDR el 1 de octubre hacían llamamientos a la calma y la no violencia: “Fueron muy cautos a la hora de redactar los mensajes”.

Ha afirmado el testigo: “El referéndum estaba convocado por la Generalitat, y consejerías como Educación o Interior propiciaron que elementos de la Generalitat estuvieran al servicio del referéndum. ANC y Òmnium convocaban hasta el último momento sabiendo que era un hecho ilícito, el nexo es evidente”.

• El tribunal llama a un inspector de la Policía Nacional. Es el décimo testigo de la jornada.

El inspector testigo era el responsable de los equipos que llevaron a cabo la actuación contra el referéndum ilegal del 1-O en el distrito de Ciutat Vella de Barcelona.

La unidad del inspector actuó en tres centros de votación. El primero fue la Escola Mediterrània. Los agentes llegaron sobre las ocho de la mañana. “Toda la gente se aglutinó en el acceso, y los equipos de intervención despejaron el camino. Eran unas 150 personas, había colas de gente esperando para entrar y esa gente cuando llegamos formaba una masa compacta en torno al acceso impidiéndonos acceder (…) Vamos encapsulados con el personal de orden público que nos protege y nos abre una vía para entrar con seguridad”.

El inspector ha recordado que en la Escuela Mediterrània y en el centro Pau Claris había un “mosso” que trataba de entorpecer la labor de las unidades de la Policía Nacional. En el colegio Pau Claris recibieron insultos, puñetazos y patadas. “Hijos de puta y sinvergüenzas eran la tónica habitual en todos los colegios”.

La tercera intervención se realizó sobre el mediodía en la Escola Pía Sant Antoni, de los Escolapios.

El inspector ha asegurado: “Hay cola de gente que parece que entran y salen del centro y cuando nos aproximamos, eso se convierte en gente de pie bloqueando el acceso, recibimos algún lanzamiento de objetos sobre los vehículos, algún cono de obra y vallas de obra tiraron seguro. El equipo de información me avisa que a 200 metros de ese centro hay otro centro de votación que no tenemos registrado en el listado, y nos previenen de que puede alterarse el orden público. El problema allí fue a la salida. La gente que estaba en ese centro trató de bloquear la salida del vehículo. Nos llovieron conos, piedras, vallas de obra. Fue la situación más delicada, trataron de aislar a seis compañeros de orden público que cerraban el convoy. Los compañeros lograron salir de la furgoneta y tuvieron que tirar salvas”.

“El CECOR (centro de coordinación central) nos dijo que paráramos porque se iba acumulando tanta gente que era un problema de seguridad”.

El equipo del inspector también actuó en el Casal de Gent Gran de la Barceloneta y en el CEIP Cervantes.

El letrado Van den Eynde, ha dejado constancia de su petición de exhibir los 30 vídeos de las actuaciones policiales en las Escuelas Pías, el Pau Clarís y la Escola Mediterrània, en Barcelona.

El inspector ha afirmado: “La gente estaba en el suelo haciendo resistencia con patadas para evitar que se la sacara del lugar. Uno de los criterios era primar la seguridad mediante actuaciones rápidas, desplegué a los agentes para hacer los registros lo más rápido posible”.

El letrado Àlex Solà ha preguntado al inspector: “¿Vio a uno de sus subordinados patear a un ciudadano, motivo por el que ha sido imputado?”. El inspector: “No, no lo vi”.

• Declara la undécima testigo, una inspectora de Policía Nacional.

Esta agente actuó el 1-O, en labores de información, en el distrito barcelonés de Ciutat Vella. Su trabajo consistía en transmitir cuál era la situación en cada uno de los centros en los que tenían que actuar las unidades de policía judicial para incautar las urnas del referéndum ilegal de autodeterminación.

Sobre la situación en las Escuelas Pías de Barcelona, la inspectora ha afirmado: “Los ‘mossos’ estaban en un punto fijo, situados allí, pero no actuaban, básicamente estaban presentes. Cuando aparecen las unidades de orden público, aumentó el número de personas congregadas, había gente en actitud de espera en la misma calle y afluyeron hacia la zona”.

• Entra el duodécimo testigo, un subinspector de la Policía Nacional.

El 1 de octubre estaba desplazado a Barcelona para realizar labores de información en el distrito de Ciutat Vella. Actuó en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Cuenta que dos “mossos” entraron a hablar con la gente del interior del centro cuando se estaba realizando el recuento de votos. “Les vitoreaban, les aplaudían, les decían ‘Esta es nuestra policía'” afirma el policía nacional.

“Nosotros por las funciones que teníamos no estábamos presentes cuando se producen las acciones operativas. Comunicábamos la acción y nos íbamos”, afirma el subinspector.

• Entra a declarar el decimotercer testigo, un agente de la Policía de la Unidad de Intervención Policial, los antidisturbios de la Policía Nacional.

Trabajó como enlace de los antidisturbios en el distrito de Ciutat Vella.
Sobre la intervención en la Escuela Mediterrània, el agente ha afirmado: “Unas 300 o 400 personas en una actitud bastante violenta (…) estaban entrelazados por los brazos y bastante bien organizados, no nos dio tiempo a prepararnos, y se vienen contra nosotros, nos acometen. La primera fila llevaba paraguas y alguno llevaba puesto un casco de protección. Hubo manotazos, empujones y alguna patada. Había mucha gente dispersa por las calles y según pasábamos con la furgonetas lanzaron todo tipo de objetos, desde conos a vallas de obra”.
Cuando el letrado Solà le ha preguntado si salieron de los vehículos policiales con las defensas ya preparadas en la mano el agente antidisturbios ha respondido: “La defensa (la porra) no es solamente para golpear; también es para contener a la gente y para desplazar”.

• El decimocuarto testigo de este martes es un inspector de la Policía Nacional.

Este mando intervino el 1 de octubre en el Eixample de Barcelona. Era responsable de los funcionarios no uniformados en ese distrito de la capital catalana y trabajaba en coordinación con los antidisturbios en los centros Jaume Balmes y Ramon Llull. Su equipo no pudo entrar en el Colegio Diputació.

Sobre el inicio de la actuación en el Jaume Balmes ha relatado: “Vi empujones a los funcionarios y también insultos. Enseñamos el auto y conseguimos abrir la puerta bajo la amenaza de que íbamos a romperla”.

• El decimoquinto testigo es otro inspector de la Policía Nacional que intervino en el dispositivo del 1-O como responsable de los funcionarios de paisano del distrito barcelonés de Sants.

Los agentes detuvieron el 20 de septiembre una furgoneta de la empresa de transportes MRW, con cinco cajas que fueron extraídas de la sede de la Assemblea Nacional Catalana.

• El decimosexto testigo, un agente de la Policía Nacional

Estuvo destinado en el distrito de Sants, como funcionario de paisano en labores de información.

El agente ha recordado que en el primer colegio al que acudió este agente, la gran masa de gente concentrada llevó a la Policía a desistir de entrar en el centro. “Los “mossos” estaban actitud pasiva”.

• El decimoséptimo testigo es un oficial de la Policía Nacional
Este mando intervino el 1 de octubre en la Escuela Lluís Domenech. “Había dos parejas de “mossos” en actitud pasiva, observando. Personas que salían de la escuela les entregaron cuatro urnas a los “mossos”, sobre las 8.40. Me identifiqué, pregunté por las urnas y me dijo que se las iba a llevar a su sargento”.

En otra escuela, en Gavà, los votantes también les entregaron las urnas a los agentes de la policía autonómica.