El que, durante un año, fue Secretario de Estado en la administración Trump, Rex Tillerson, recluido en su rancho de Texas desde que fue cesado por su jefe, vía Twitter, horas después de regresar de un viaje por África, ha sido este año el encargado de pronunciar el discurso de graduación en el Virginia Military Institute.

El orador no ha ocultado el disgusto por su cese, tan voluptuoso como su autor, y ha aprovechado la tribuna académica para, sin andarse con paños calientes, denunciar que la democracia americana está amenazada por una “creciente crisis de ética e integridad”.

En su intervención ante los estudiantes, Tillerson se ha referido a las realidades alternativas: “Si nuestros líderes buscan encubrir la verdad o nosotros, como pueblo, aceptamos las realidades alternativas que no están basadas en hechos, los ciudadanos americanos estarán en el camino de renunciar a nuestra libertad”.

Pero Tillerson que, con anterioridad, fue CEO de la petrolera Exxon Mobil Corporation, quinta mayor empresa del mundo por capitalización bursátil, no se quedó ahí y añadió: “También las pequeñas falsedades y las exageraciones son un problema. Si no hacemos frente a la crisis ética y de integridad en nuestra sociedad, entre nuestros líderes en el sector público y privado, la democracia americana como la conocemos, entrará en años crepusculares”

En un universo alejado de aquel, al hilo del continuum judicial del proceso a la insurrección del soberanismo catalán, cabe fijar la atención en otro ejemplo reciente que sustancia realidades alternativas.

La defensa de Jordi Turull, uno de los procesados por el juez instructor del Supremo, en prisión preventiva como medida cautelar para evitar la reiteración delictiva, ha alegado que se han vulnerado los derechos a la autonomía política de Cataluña, el principio de separación de poderes y los derechos políticos del candidato y de sus votantes, argumentando expresamente que “no se tiene conocimiento de que en la reciente historia europea un diputado propuesto como candidato a la presidencia de un gobierno democrático haya sido privado de su libertad en mitad del proceso de su investidura”.

La respuesta de la Sala Segunda del Tribunal Supremo ha sido coincidente con esa apreciación de la defensa, aunque desde una perspectiva distinta. De nuevo, pues, realidades alternativas.

En la contestación, se argumenta: “Efectivamente, no existen precedentes conocidos en la reciente historia europea de que, en un estado democrático, los miembros del gobierno de una Comunidad Autónoma (o de un Estado federado), que en ese sistema democrático goza de un régimen amplísimo de autogobierno, junto con miembros del Parlamento y apoyados por asociaciones ciudadanas, instrumentando y aprovechando todos ellos el poder de presión de la movilización popular, se hayan alzado contra la Constitución del Estado, contra la ley que asegura y regula su autonomía y contra el resto del ordenamiento jurídico que se oponga a sus pretensiones, procediendo a derogarlos, de hecho, en su territorio, ante la preocupación, sorpresa y desasosiego de, al menos, más de la mitad de la población de esa Comunidad y la práctica totalidad de la población del resto del Estado, que contemplan como se vulneran una y otra vez aquellas normas; y, además, que lo hagan utilizando la movilización popular y aceptando y aprovechando que se produzcan episodios de violencia y tumultos, para así impedir la aplicación de las leyes y el cumplimiento de las resoluciones de los Tribunales y presionar al Estado hasta el punto de obligarlo a admitir la independencia”.

Y una aclaración que refuerza la negativa: “Con la prisión provisional no se vulneran derechos políticos, sino que se pretende asegurar que los recurrentes se mantengan a disposición del Tribunal, y se trata de evitar la reiteración de delitos muy graves, especialmente lesivos de bienes jurídicos tan importantes en una democracia como el mantenimiento del orden constitucional, imprescindible para el aseguramiento de una situación en la que todos puedan ejercer libremente sus derechos” Y concluye: “No puede considerarse, por lo tanto, que se trate de restricciones indebidas.”

Estos dos hechos, recientes, plasman de manera axiomática que las realidades alternativas tienen un sentido u otro en función de quién fórmula los hechos, qué argumentos se utilizan, las intenciones que persiguen, el momento en que se producen, el énfasis con que se enuncian, las perspectivas subyacentes …

El propio Tillerson, siendo el número dos del gabinete, pugnaba realidades alternativas con Trump. No estaba de acuerdo con las sanciones, tan anheladas por el Jefe, porque no las encontraba eficaces “a menos que estén muy bien implementadas de manera integral y eso es algo muy difícil de hacer”. Defensor del libre comercio, en cuanto fue cesado se puso en marcha la concreción del proceso contrario. Sobre el cambio climático, no veía claro “hasta qué punto” el ser humano está relacionado con él, y por tanto tampoco qué se podía hacer al respecto. Un ingeniero, en las antípodas de un político, zarandeado por sus propias urgencias.

En el auto desestimatorio de los recursos contra la prisión de los ex consellers, de nuevo emerge la confrontación de realidades antagónicas, pues si bien el Supremo reconoce que se trata de una situación excepcional, creadora de una situación intensamente contraria al mantenimiento de la convivencia cívica, al encarcelado también le asiste la razón al denunciar la anomalía que supone haber sido privado de la libertad en el ecuador del proceso de su investidura.

La defensa puede interpretar que se han vulnerado los derechos políticos de su protegido, pero porque previamente ha vulnerado la ley. Eso es incuestionable y la ley no entiende de interpretaciones. Ahí se agosta, en este caso, la realidad alternativa.

Entonces ¿la realidad es solo una ilusión? No. La realidad existe y puede ser dura, conmovedora y aparentemente feliz. No siempre es halagüeña y raras veces es maravillosa. Lo cierto es que no son los mejores tiempos para profanar la melancolía.

Cuando sabemos que una película está basada en hechos reales, las ganas de verla aumentan pero esas historias no siempre son tan verdaderas como las publicitan. Y es que la realidad que todos asumimos, no existe como tal, ya que muchas veces los relatos verdaderos son alterados para que tengan más credibilidad.

La realidad alternativa es, ciertamente, lo que nos enseñan que está pasando y lo que nos enseñan es lo que ocurrió de verdad, es decir la verdadera historia, la realidad. Lo que ocurre es una hipotética guerra entre la realidad y la realidad alternativa. En definitiva, la realidad alternativa es solamente la creación de otra realidad.

Artículo publicado el 20 de mayo de 2018 en Faro de Vigo, Diario de Mallorca, La Nueva España y Levante-EMV.