La reprobación de la monarquía, aprobada por el Parlament de Catalunya, e impugnada por el Gobierno ante el Constitucional, desoyendo la opinión del Consejo de Estado, anticipa una emulación orquestal de iniciativas con el mismo propósito, como se desprende de la petición, ratificada después por el Ayuntamiento de Barcelona, de abolir“La forma política del Estado”.

En su primera toma de posición pública, el ex jefe de Gobierno de la Quinta República Francesa, ha mostrado reflejos, distanciándose de la regidora (“no es una persona de la que nos podamos fiar”), advirtiendo sobre “la connivencia entre la actual alcaldesa y los grupos radicales e independentistas», y calificando la resolución como “un espectáculo que degrada profundamente el prestigio del gobierno municipal, que no respeta la Constitución”

Ya en la presentación de su candidatura, había anunciado que evitará que el independentismo use la ciudad para sus fines, convirtiendo Barcelona en ‘la capital imaginaria de la República’.

En su exposición de motivos, el Ayuntamiento de la Ciudad Condal ha apostado por la abolición de “una institución caduca y antidemocrática como la Monarquía”. Rizando el rizo, un afanoso teniente de alcalde ha tuiteado: “se ha convertido en un obstáculo para los avances democráticos que necesita el siglo XXI”.

Coincidiendo con el cuarenta aniversario de la Constitución del 78, Luis María Cazorla, abogado del Estado, letrado de las Cortes y catedrático de derecho financiero y tributario, acaba de publicar “Legitimidad monárquica y gestión económica de la Corona” una reflexión sobre la importancia de la legitimación, funcional o de ejercicio, de la jefatura de Estado monárquica.

Aparece este libro en un momento en que la monarquía ha pasado a ser, cuatro décadas después de su instauración, un continuum en el debate entre los partidos del parlamento español. La discusión se ha recrudecido a raíz de la moción de censura que aupó a la presidencia del Gobierno al candidato socialista, con el apoyo de partidos republicanos e independentistas.

El libro de Cazorla desmenuza la estrecha relación de la legitimidad monárquica, fundamental en las sociedades contemporáneas, “dadas algunas de las características que inevitablemente la acompañan, en especial la sucesión familiar hereditaria”, con la buena gestión de los recursos que los Presupuestos Generales del Estado destinan al sostenimiento de la institución.

El libro de Cazorla desmenuza la estrecha relación de la legitimidad monárquica, fundamental en las sociedades contemporáneas

Dado que los fondos que nutren su sostenimiento proceden de los impuestos de los ciudadanos; las pautas de actuación con las que se lleve a cabo la gestión económica se convierten, según Cazorla, en “exigencias que tienen que ver con el control político, el control económico financiero tanto interno como externo, la transparencia, el personal al servicio de la Casa del Rey, el control jurisdiccional, los códigos de conducta y la adaptabilidad al tiempo social”.

Y desgrana los ingredientes que legitiman la institución: “la impecabilidad jurídica, la impecabilidad económica, el estilo acomodado a los tiempos y la ejemplaridad personales”, acordando importancia decisiva a los términos en los que se desarrolla la gestión económica de todo lo que afecta a la Corona.

En la necesidad imperativa de adaptarse a las exigencias de la sociedad moderna, el autor reconoce que se han dado pasos acertados, como el tratamiento dado al asesoramiento jurídico y comercial de la Casa del Rey, la regulación del control económico-financiero externo, la fijación de los criterios de actuación de Familia y Casa y los códigos de conducta del personal al servicio de esta.

A pesar de ello y de cara a fortalecer la legitimación monárquica, sugiere mejoras que atañen a la ordenación y presentación formal de los documentos, al perfeccionamiento de los principios presupuestarios de unidad y especialidad, a la regulación más completa de la figura del Interventor de la Casa del Rey y a los procedimientos de ejecución presupuestaria.

Tiene interés la comparación que el autor hace con los costos de la Jefaturas del Estado, republicanas y monárquicas, de España, Noruega, Holanda, Gran Bretaña, Bélgica, Dinamarca, Suecia, Luxemburgo, Francia y Alemania.

El Rey de España es el que menos cuesta, 7,8 millones de euros en el año 2017, en tanto que las Casas Reales de Noruega, Holanda, Gran Bretaña, Luxemburgo cuestan, respectivamente, 21,8, 40,1, 48,1, 10,1 millones de euros, y los presidentes de Francia y Alemania tuvieron presupuestos en ese año, de 104,5 y 36,5 millones de euros, respectivamente.

El Rey de España es el que menos cuesta

La pulsión republicana en una parte considerable de la ciudadanía española es una evidencia que merece genuino respeto democrático. Como es acreedor al acato, el sentimiento de la opinión que apoya a la monarquía, aunque lo haga de forma sigilosa, sin ahorrar críticas con ocasión y sin ella.

La soledad asoma sin sorpresa, como pudo visualizarse con ocasión de la inédita nota emitida por la Zarzuela, inculpándose de un error de protocolo en la recepción del día de la Fiesta Nacional o Hispanidad.

Junto a la estabilidad, al no estar sujeta a controversia electoral, la fortaleza de la institución es directamente proporcional a su impecabilidad, epítome de ejemplaridad, transparencia y legitimación política, que constituyen los cimientos de la forma del Estado en los tiempos convulsos de este siglo.

Pobre argumento el de quienes buscando desmontar la institución, disfrazan con gesticulaciones falsas, una decisión que tiene que ver más con la quiebra del Estado que con su forma política.

Artículo publicado en La Vanguardia.