Tras haber sobrellevado, con temple y paciencia, el programa que le habían preparado en su viaje a la Argentina para participar en una reunión de la Asociación Iberoamericana de Ministerios Públicos, el Fiscal General del Estado (FGE), José Manuel Maza (66), falleció en una clínica privada de Palermo, barrio elegante de Buenos Aires, tras sufrir una insuficiencia renal aguda, provocada, presumiblemente, por una sepsis.

Maza era un hombre recto y dialogante, alineado con el sector conservador de los jueces. No se echaba para atrás en los momentos difíciles. Templado sin guarecerse, no era arbitrario ni discriminaba por razones ideológicas.

Quien le nombró ha lamentado la pérdida de un fiscal independiente, inexorable en la defensa de la ley. Se lo recomendaron por cuatro décadas de carrera judicial, ideas claras y buen entendimiento con la Sala Segunda del Supremo.

Cuando se produjo la declaración unilateral de independencia, el juez Maza, en funciones ya de fiscal general, ensambló una querella que bosquejaba el horizonte penal de 20 imputados, líderes políticos secesionistas que habían sido protagonistas del proceso catalán y responsables de la comisión de graves delitos: rebelión, sedición, prevaricación y malversación de fondos públicos. Era una urgencia que ya no admitía prórroga.

Después del asesinato, no hay en el código penal español un delito más castigado que el de rebelión. Esto es así porque atenta directamente contra la Constitución, el sistema democrático y la convivencia.

Al poco tiempo de tomar Maza posesión de su nueva responsabilidad, la oposición sacó adelante una reprobación en el Congreso de los Diputados. Pero ni siquiera en ese trance se puso en cuestión su trayectoria profesional. En el momento de su muerte, uno de los grupos que más le había criticado entonces, mostró respeto “por su inteligencia”.

Los últimos reparos críticos a Maza; que tenían que ver con la gran querella; se centraban en la desproporción entre delitos y penas. Los 100 folios no dejaron margen de duda a la magistrada de la Audiencia Nacional, que dictó prisión incondicional sin fianza para todos los investigados, de la que solo se libró el Mayor Trapero.

¿Donde está la desproporción? El silogismo es sencillo. Si no hay renuncia a la independencia y no se acata la Constitución, el fiscal sigue pidiendo la incondicional. En el momento en que se da marcha atrás, se puede aceptar la condicional, con medidas y fianzas que sustituyan la cárcel. No se les pide la retractación, se trata de que manifiesten que no van a seguir quebrantando la ley, que no seguirán reiterando lo que han hecho porque choca frontalmente con el Estado de Derecho.

El juez que fue fiscal se convirtió en una piedra incómoda en el zapato de los secesionistas, al defender, sin titubeos, el imperio de la ley

En una entrevista radiofónica, Maza había transmitido una clave a los abogados de los imputados: expresar la vuelta a la legalidad y la renuncia a la independencia podía cambiar su destino. Aunque sobre la unificación de todas las causas en el Supremo, Maza había manifestado sus dudas sobre la posibilidad de que pudiera hacerse. Una de sus ideas motrices era que los fiscales debían ser los instructores de las causas penales.

Ocupó la plaza que dejó el magistrado Adolfo Prego en la Sala Segunda del Supremo. Y, entre otros desempeños, dictó la primera sentencia que fijaba los criterios sobre la responsabilidad penal de las personas jurídicas. En el caso de las cesiones de crédito, se opuso férreamente a la aplicación de la doctrina Botín, porque consideraba que se restringía la acción popular. Además, pidió que se admitiera, frente a la posición de la mayoría, la querella por malversación (viajes a Marbella a cargo del erario público) contra el ex presidente del Supremo, que acaba de fallecer. También fue responsable del archivo de una de las querellas contra Podemos, por su presunta financiación con dinero del régimen chavista.

El juez que fue fiscal se convirtió en una piedra incómoda en el zapato de los secesionistas, al defender, sin titubeos, el imperio de la ley. Un juez de los pies a la cabeza que ha prestado un gran servicio a la democracia española. Las tres asociaciones de fiscales, sin distinción de colores, han destacado su firmeza en la aplicación de la legalidad: “entendió lo que era ser fiscal: la fidelidad y la lealtad a la institución”, en uno de los momentos más difíciles de la democracia.

Un magistrado sin alcurnia, que siguió viviendo con su compañera catalana en un discreto piso de Segovia y que, en su último viaje a Barcelona, cenó con el fiscal general de Cataluña, en la Barceloneta, larga sobremesa, habano y gin tonic.

Ferviente colchonero de los de Sabina; “no me preguntes por qué |los colores rojiblancos |van con mi forma de ser”; en el derby madrileño, el Metropolitano le dedicó un emocionante minuto de silencio. Qué manera de aguantar |qué manera de sufrir | qué manera de palmar | qué manera de morir.

Artículo publicado el 21 de noviembre de 2017 en El Mundo.