Los jabatos del ISIS han vuelto a poner un coche bomba, esta vez en una popular heladería de Bagdad, Al Faqma (La Foca), matando a 15 personas y herido a varias docenas, entre los que había mujeres y niños que estaban tomando un helado al aire libre.

El ataque a la heladería, situada en Karrada, barrio chiita objetivo favorito de los terroristas para llevar a cabo sus ataques en la atormentada ciudad, se ha producido en la medianoche cuando las familias, tras romper el ayuno del Ramadán, llenan los restaurantes y los cafés de la capital. Imágenes de la escena tras el ataque mostraban cucuruchos y recipientes de helados desparramados en el suelo manchado de sangre, mientras un niño pequeño caminaba sollozando.

No es la primera vez que los terroristas toman como objetivo un establecimiento comercial atiborrado de gente. En esta ocasión, “una reunión de chiítas”, a los que consideran herejes. El verano pasado, en el mayor atentado en la capital de Irak desde que Saddam Hussein fue derribado in 2003, un camión bomba dejó más de 290 civiles muertos y 200 heridos en un ataque a un popular almacén del centro de la ciudad, donde familias estaban comprando ropa en el sábado previo al final del Ramadán. En aquella ocasión, los niños también tomaban helados en el abrasador verano iraquí y el ISIS reivindicó el atentado.

Es sorprendente que sea durante el Ramadán cuando arrecian los ataques de los suníes, ahora en la vanguardia del terror, y entonces aliados del déspota, Saddam Hussein, “nuestro déspota”, pero lo que resulta especialmente odioso es el ataque a una heladería, poblada por niños inocentes que no tienen nada que ver con la encarnizada batalla que están librando en Mosul el ISIS y el ejército iraquí, al que apoyan Irán y fuerzas occidentales, con el objetivo de poner fin al califato, que sigue perdiendo posiciones en Irak y Siria.

Las derrotas militares encajadas por el grupo suní está en el origen de estos ataques despiadados, lo que no significa que a los yihadistas les escaseen los recursos para continuar con operaciones insurgentes y ataques terroristas en la región y en el plano internacional.

La clave para poner fin a esta pesadilla la tienen fundamentalmente los propios musulmanes, obligados a movilizar contra ellos a los estados y sus propias sociedades

Mientras nos dedicamos a perfeccionar, con pragmatismo no exento de cinismo, armas que se concentran en el objetivo, tratando de evitar daños colaterales, lo que no siempre logramos, estos mafiosos van a por los inocentes, desoyendo la política y abrazando la barbarie y la crueldad.

La clave para poner fin a esta pesadilla no la tiene solo Occidente, pues esta forma de terrorismo por parte de los rigoristas es inatacable, por muchos servicios secretos que se afanen en la tarea. La tienen fundamentalmente los propios musulmanes, obligados a movilizar contra ellos a los estados y sus propias sociedades, así como aquellos países árabes, ricos, que deben abandonar la financiación del terrorismo, con la excusa de la propagación de la autentica fe. Responder con firmeza, sin limitarse a condenarlo, ayudaría a rebajar tensiones, desconfianzas y resquemores entre las poblaciones y los estados occidentales.

Hay quien ya ha empezado a hacerlo, como el sultán de los Emiratos Árabes Unidos, Al Qassemi, que señaló con un tuit a los culpables, tras la matanza en la heladería: “los niños están ahora pagando el fracaso de los adultos en afrontar el terrorismo y la Industria de la Muerte”.

O uno de los mayores operadores de telecomunicaciones del mundo árabe, Zain Telecom, primera empresa privada que aborda de forma explícita la violencia yihadista en un anuncio que ha lanzado, rechazando el terrorismo de los islamistas violentos y promoviendo la tolerancia. El vídeo ha superado los tres millones de visitas desde que la empresa lo difundiera en la víspera del inicio del Ramadán.

“Los niños están ahora pagando el fracaso de los adultos en afrontar el terrorismo y la Industria de la Muerte”

En las imágenes puede verse cómo un hombre en la oscuridad de un sótano, fabrica un cinturón explosivo mientras la voz en off de un niño acusa a los terroristas de haber llenado los cementerios de niños y vaciado sus colegios. Como contraposición, aparecen escenas -llenas de luz- de un bebé riendo en los brazos de su abuelo, niños jugando con un balón o una pareja de novios preparándose para su boda. Cuando el terrorista sube al autobús que va a hacer explotar o camina por la calle, víctimas de anteriores atentados terroristas le recriminan la crueldad, la traición, el dolor causado ciegamente invocando Alá y le recuerdan que Alá es creador de vida, indulgente y tolerante…

Atacar una heladería es especialmente repugnante. Familias atacadas sin posibilidad de defenderse, niños que pagan inocentemente el fracaso de los adultos en parar la barbarie y la injusticia, personas que en una ciudad castigada se permiten un inocente capricho… salir a tomar un helado… pero sin previo aviso ni opciones, encuentran la muerte.

Se repite el guión, esta vez con la heladería de Bagdad como objetivo del pavor.

Artículo publicado el 2 de junio de 2017 en El Norte de Castilla.