Esta fue la respuesta que dio el abogado belga de Carles Puigdemont (KRLS) cuando le preguntaron por su cliente, refugiado en Bruselas para dar altavoz a sus quejas y exigencias y, ya de paso, escapar a la acción de la justicia española.

La huida a Bélgica no deja de ser otra prueba elocuente de que KRLS no acepta rendir cuentas por la sistemática y reiterada transgresión de la ley, que ha llevado al juez a pedir prisión incondicional para él y cuatro de sus ex consellers.

Esta fuga de Barcelona a Bruselas, vía Marsella, junto a seis consellers más, la hubiera firmado el propio Azcona para algún guion de las películas de Berlanga. Para aportar algo más de luz a la secuencia que se interrumpe con la aplicación del 155, cabe recordar la atropellada rueda de prensa en el Club de Prensa; el artículo de Junqueras en el New York Times y alguna circunstancia más de orden menor.

Esta fuga de Barcelona a Bruselas, vía Marsella, junto a seis consellers más, la hubiera firmado el propio Azcona para algún guion de las películas de Berlanga

Inmediatamente después de la puesta en marcha de las medidas aprobadas por el Senado en aplicación del articulo de marras (destitución de todo el gobierno catalán, cierre de las embajadas, cese del director general de los Mossos, etc…) comenzó un runrun consistente en compendiar los hechos que se habían ido sucediendo en los días anteriores, para desaguar la narrativa en la sospecha de un tongo entre orillas.

Según el relato conspiratorio, la filtración de la aceptación de una convocatoria de elecciones autonómicas por parte de KRLS suscitó un rechazo entre los más radicales (“¡traidor!”). Esta situación se yuxtaponía a la insatisfacción de las zonas menos templadas del universo popular que veían, en ese pacto bajo sospecha, la parálisis del 155, lo que equivalía a renunciar a intervenir el dislate soberanista.

Descartada la convocatoria electoral, los diputados independentistas del Parlament votaron, en secreto y en ausencia del bloque constitucional, una resolución en modo independencia unilateral, casi idéntica a la que habían firmado fuera del hemiciclo unos días antes.

El Senado, en estéreo, aprobó un 155 afeitado, al excluir de la intervención la televisión pública catalana, TV3, formidable altavoz sin disimulo del independentismo. Y sin solución de continuidad, Rajoy desenfundó y convocó elecciones. La sospecha de enhebre se extendió como una mancha de aceite. Resultaba que hacía lo mismo que iba a hacer KRLS el día antes.

La doble aprobación: DUI y 155, que conducen respectivamente a la inauguración de la república catalana y a la intervención de las instituciones, se produce sin aspavientos de ningún género, por ninguna de las dos partes. Ni balcón, ni detención. Simplemente, se suprimen los coches oficiales y los escoltas. Cabe pensar que también los iPhone, aunque este detalle no se ha facilitado. Eso es todo. Lo que evidencia que la calma vuelve a las dos bandas de la discordia, independentistas y constitucionalistas. Parto sin fórceps. Y aquí es donde se incuba el mosqueo.

El clamor de la proclamación formal de la independencia no se ha oído. Vuelve a aparecer la figura del penalista, que habrá insistido en que, para responder a la acusación por sedición y rebelión, la defensa pueda decir que, en realidad, no ha habido ninguna rebelión, porque no ha habido declaración de independencia como tal.

El gato no se asomó al balcón y se subió pronto al árbol, no dio muestras de indisciplina, ni aparentó resistencia. No le volvimos a ver hasta que apareció en Gerona, en las fiestas de la ciudad, haciendo una declaración para salir del paso, al pie de unas escaleras y más tarde, sonriente, con amigos en un restaurante de menú.

El remedo de rueda de prensa, en la que se sospechaba que KRLS anunciaría la solicitud de asilo político, resultó ser la montaña que parió un ratón

La parte delicada de la intervención era la toma de control de la policía autonómica. Triple maniobra desplegada, con normalidad en toda la secuencia: destitución del director general de los Mossos, con carta de aceptación en tono educado; cese del Mayor, con carta apacible de despedida, pidiendo colaboración con su sucesor, y nombramiento de éste, que resulta ser el segundo de Trapero.

El estanque catalán se agitó con la noticia de la presencia del gato en Bruselas. Hasta ese momento, las aguas se habían mostrado tranquilas, exceptuando la gran manifestación que había llevado, por segunda vez, a cerca de un millón de almas con banderas españolas a las calles de Barcelona. Esta sorpresiva presencia desactivó el recelo de tongo, que había crecido en intensidad gracias a la velocidad expansiva de las redes sociales

El anuncio de la querella del Fiscal General del Estado no dejaba dudas sobre la contundencia de las peticiones y el horizonte judicial que les esperaba tanto a los miembros de Ejecutivo como a la Mesa del Legislativo.

El remedo de rueda de prensa, en la que se sospechaba que KRLS anunciaría la solicitud de asilo político, resultó ser la montaña que parió un ratón. Todo debido al tumulto de la comparecencia, la desorganización, la diatriba contra el Estado español, donde no hay división de poderes, la persecución que le espera si se le ocurre volver a casa y la simple afirmación de que estaba en Bruselas por ser la capital de Europa pero que no quería dar ningún problema al gobierno, con alfileres, belga. Cabe suponer que todo por recomendación de su abogado.

A partir de ahí y después de decir que se quedaba en Bruselas el tiempo que hiciese falta, se desactivó una parte importante del recelo ambiental. Estaba huido y como certificó su abogado, el gato seguía en el árbol. Nada de pacto ni de pasteleo al que son tan dados algunos políticos. El reloj de la justicia ha empezado y es sabido que no se para.