Hubo un tiempo en que grandes contadores de historias que ya no están, como Paco Umbral, José Luis Martín Descalzo, Manu Leguineche o Miguel Delibes, confluyeron en el decorado deslumbrante de una ciudad ilustrada, Valladolid. Allí, Ramón Pradera, que nos acaba de dejar, nació, vivió y se cruzaba con ellos, camino del Hotel Castilla, donde vivía Umbral; paseando por la calle Santiago, a cuya iglesia acudía Martin Descalzo; entrando en El Norte de Castilla, donde empezó a escribir Leguineche o camino de la Escuela de Comercio, donde Delibes era profesor, tras haber ganado años antes el Premio Nadal con ‘La sombra del ciprés es alargada”.

Pradera era un castellano viejo, prudente, silencioso y discreto. Siempre contenido y sobrio hasta en el ejercicio de la amistad. Pertenecía a una saga de la burguesía laboriosa vallisoletana, con credenciales familiares de relieve. Su abuelo, Manuel Pradera Antigüedad, inició en 1904, en el “Barracón Pradera”, del Campo Grande, las primeras proyecciones de las películas rodadas por los Hermanos Lumiére, inventores del entonces llamado cinematógrafo.

Aquel interés por el cine que siempre tuvo la ciudad, desembocó de la mano de Ramón Pradera Antigüedad, en la Semana Internacional de Cine, la Seminci. Otro activo a añadir. También se debe al fruto de la visión de otro vallisoletano insigne, Antolín de Santiago Juárez, que perseveró hasta colocar esta muestra entre las referencias cinematográficas de más prestigio.

Aquello duró hasta que, en una fría mañana de 1968; en tiempos en que nuestro país se debatía entre la apertura informativa, la represión, el progreso y la rebeldía; un alcalde desbocado ordenó, en aras del progreso urbanístico, el derribo del teatro, con tal estruendo que espantó a los patos y a los pavos reales del elegante edén.

Su padre, Ramón Pradera Orihuela, presidente del Real Valladolid y director de la primera Feria Regional de Muestras, fue alma mater de la Semana Santa vallisoletana, de la que la familia fue vigía e impulsora y logró convertir en seña de identidad de esta ciudad instruida. El método castellano llevó a su hijo Ramón a esquivar adjetivos a la hora de dar todo el crédito a la tarea ingente de su padre.

En aquella ciudad con sus personajes, calles y plazuelas, sus iconos, sitios de culto y oficios -carteros, lecheros, carboneros y serenos- que el progreso se ha encargado de borrar del mapa urbano, Ramón estudiante, ya escribía –con el seudónimo Rampra- en Unión. Se trataba de la revista del colegio de Lourdes, fundado por Paulina Harriet, una filántropa de origen francés, “una señora de mucho carácter y gran piedad”, que casó con un empresario de curtidos vallisoletano, al que había conocido en un viaje de este a París.

El joven Pradera, matriculado en la primera Cátedra de Historia y Estética de la Cinematografía que se creo en España, dependiente de la Universidad de Valladolid, se fue más tarde a Pamplona a estudiar –brevemente- arquitectura. Pronto cambió el ancho de vía y dedicó su juventud y talento al periodismo y la televisión.

Fue uno de los padres fundadores de Televisión Española, donde gobernó dos décadas destacando pronto como realizador, hasta el punto de que sus programas consiguieron dos premios “Ondas” y un “Premio Nacional de Televisión”. Su paso por la televisión pública lo coronó en 1989 cuando consiguió colocar diez de sus programas entre los más vistos del año, batiendo el record de audiencia en el prime time de enero, con cerca de veinte millones de espectadores. Dejó su huella en “Hoy por hoy”, con Tico Medina, “Qué noche la de aquel año” presentado por Miguel Ríos y “El precio justo”, con Joaquín Prat, que, mantiene imbatido su otrora liderazgo.

El joven Pradera se fue a Pamplona a estudiar –brevemente- arquitectura. Pronto cambió el ancho de vía y dedicó su juventud y talento al periodismo y la televisión.

En el cénit del éxito en TVE, el añorado Manolo Martin Ferrand, otro grande siempre adicto al talento, le llamó en 1989 para incorporarle al equipo fundacional de Antena 3 Televisión, con el encargo de poner en marcha el proyecto. Y, como responsable de antena -en abril de 1994- rompió, por primera vez, el hegemónico liderazgo de TVE. Un líder en toda regla.

Después de Antena 3, en 2000 se incorporó al proyecto de Telefónica Media, como responsable de integración y sinergias. Mas tarde, en 2004, el director de Telemadrid, Manuel Soriano, otro gran periodista con fino instinto, le fichó como director de Estudios y Estrategia.

La vida de Ramón Pradera fue dedicada a la televisión, pública y privada. Padre fundador en ambas extensiones. Fue un hombre culto con una memoria portentosa y un sentido del humor sarcástico y deadpan, la variante inglesa del humor seco, gracioso sin ningún tipo de lenguaje corporal.

Quien mejor le conoció, Elene, su compañera de fatigas en la vida y ángel de la guarda en los años de plomo, le detalla así: “Noble, leal, trabajador, muy observador y silencioso…Difícil de descubrir y conocer porque a sus virtudes hay que sumar su tremendo hermetismo. Muy…de Valladolid. Restaba importancia a lo relevante y se agarraba a su vida personal, como gran padre e increíble persona que era”.

Artículo publicado el 20 de enero de 2018 en El Mundo.