En la duodécima sesión del juicio, la Sala Segunda del Supremo ha interrogado a Montserrat del Toro, secretaria del juzgado de instrucción número 13 de Barcelona, testigo clave de la Fiscalía sobre el “asedio” en la Consejería de Economía.

El juez de ese Juzgado, Juan Antonio Ramírez Sunyer, fallecido el pasado noviembre, dejó casi cerrado el caso del 1-O. Estaba pendiente de recibir un informe final de la Guardia Civil sobre la presunta malversación en el referéndum.

Marchena ha anunciado que no se exhibirá, por señal institucional, la imagen de la secretaria y ha preguntado a las partes si tienen algún inconveniente. El presidente del tribunal recuerda que no supone una merma de publicidad del proceso. El fiscal Zaragoza ha dicho que es “una medida absolutamente necesaria para garantizar su protección, ya que vive en Barcelona”. El presidente advierte al público de que se expulsará de la sala a todo el que sea percibido utilizando un teléfono móvil en la idea de no captar la imagen de Montserrat del Toro.

“Vinieron a recogerme a la Ciudad Judicial y nos trasladamos en coche hasta la Consejería”. La secretaria asistía a los registros ordenados por el entonces titular del Juzgado de Instrucción número 13, en una cuarentena de edificios de la Generalitat por los preparativos del referéndum.

“El juez había acordado el registro a la misma hora en los distintos domicilios y despachos. Y una vez finalizados, donde se supone que a primera hora podrían haber sido encontrados, la policía judicial se encargaba de su conducción a la Consejería”. El fiscal ha preguntado si había una “orden de detención” contra Jové y otros responsables de Economía. “No lo recuerdo”, ha afirmado la secretaria judicial.

“Franqueamos la puerta a las ocho en punto, que es cuando abrieron de cara al público. Los tres vehículos se dejaron justo en la puerta para que la salida y el trayecto hasta la puerta fuera lo más corto posible”, ha explicado Del Toro.

“En el atrio había dos mossos de seguridad ciudadana a los que comunicamos a qué veníamos, nos dejaron acceder a una mesa al fondo, y allí nos identificamos nuevamente a un ordenanza. Hubo un momento de desconcierto: le pedimos al ordenanza que buscara a la persona del edificio que fuera la máxima responsable según el organigrama que tuviera a su disposición”.

“Sobre las 8.30 me retiré y comparecen dos personas que se identifican como abogados de la Generalitat, y me dicen que saben que no pueden ser objeto de notificación, y que estaba a la espera de que compareciera un responsable”. Del Toro recuerda que las diligencias eran ‘secretas’ “Les comenté que no podía notificarles el auto”, del que solo tenía la parte dispositiva por encontrarse la causa bajo secreto de sumario. La secretaria pidió localizar al máximo responsable del edificio. Y también, localizar los despachos que iban a registrar. “Nadie nos daba razón de dónde estaban las cosas”.

“El registro al que yo me quedé por ser en principio el más complejo eran cuatro entradas en un mismo edificio”, Se trataba de los despachos de: Josep Maria Jové, Natàlia Garriga, Mercedes Martínez y la oficina de procesos electorales.

El fiscal le ha preguntado cuándo empezó a notar la presencia de ciudadanos frente a Economía. “A las 9.00 observo que ya empieza a amontonarse mucha gente. Se lo comento al teniente de la Guardia Civil porque veo un incidente muy desagradable con un agente de la Guardia Civil a través del cristal”. “¿Qué pasó?”, pregunta el fiscal. “Una persona se acercó muy cerca del guardia civil que custodiaba la puerta de acceso y le puso una bandera muy cerca de la cara, le grita algo y a mí me da la sensación de que le escupe”. A la secretaria judicial le pareció ver que un joven escupía a un guardia y habló con el teniente de la Guardia Civil al mando: “Le dije que había que llamar a los Mossos porque había visos de que iba a desbordarse la situación”.

“Una persona se acercó muy cerca del guardia civil que custodiaba la puerta de acceso y le puso una bandera muy cerca de la cara, le grita algo y a mí me da la sensación de que le escupe”.

“A las 9.30 subimos a la oficina de procesos electorales. La policía judicial tiene un incidente con un funcionario que les saca una foto, y le piden que la borre y la borra. Llamo al magistrado instructor para exponerle la situación a la que nos estábamos enfrentando. Le doy cuenta de todo y le pregunto si inicio el registro sin la presencia de las personas, me dice que lo haga sin perjuicio de que si alguno de ellos compareciera se hiciera constar en el acta”.

Del Toro explica que se oía mucho “ruido” de la calle. “Desde el interior era un murmullo constante”. Alrededor de las 11.00, empezó a oír mensajes por megafonía. El fiscal ha preguntado si recuerda qué lemas coreaban. “Hablaban en catalán. Por la mañana era ‘votaremos’, ‘no saldrán’, ‘no pasarán’, son frases sueltas que uno podía oír”. “Me dijeron que no me acercara a la ventana porque había gente con móviles y cámaras”. “A lo largo del día, los guardias civiles tuvieron que refugiarse dentro porque había tal aglomeración de gente en la misma puerta que no podían garantizar su propia seguridad”.

“Sobre las 13.00, vamos al despacho de la señora Natalia Garriga. Ya iniciado el registro, comparece el teniente de la Guardia Civil y me comenta que ha tenido varias entrevistas con el señor (Jordi) Sánchez, presidente de la ANC, y que las condiciones que le han sido impuestas para permitir el acceso al edificio no eran aceptables para la fuerza actuante, y que teníamos que proseguir sin la presencia de los detenidos. Me dijo que incluso con la dificultad de desplazar a la multitud de la puerta principal, las condiciones eran formar un pasillo humano de civiles a través del cual podrían acceder al edificio los detenidos, y que vinieran sin esposas, sin conducción policial, entrando libremente. El teniente le dijo que no era posible por seguridad jurídica y por integridad de los detenidos y los agentes”.

Indica que solamente tuvieron acceso a una máquina de vending con ‘refrescos y chocolate’. “Era imposible pedir comida al exterior. No se podía salir en esas condiciones. A las 16.30, seguíamos en el despacho del señor Jové y apareció un agente de la Guardia Civil con un paquete con algunos bocadillos, cinco o seis, a repartir entre los que estábamos allí. Me dijo que una agente de los Mossos le había dado la comida porque se había apiadado de nosotros”.

La testigo del Toro ha relatado un segundo incidente, esta vez con la intendente de los Mossos, Teresa Laplana. “Era un registro judicial. Nadie en ningún momento intentó ponerse en contacto conmigo. Todas las comunicaciones se hicieron a través del teniente de la Guardia Civil, que era el responsable de la policía judicial y de la investigación”.

La secretaria ha explicado que uno de los oficiales de la Guardia Civil vio cómo hablaba con Laplana. “No oí la conversación. Solo pude ver que se acercó a ella y estuvieron hablando de un modo serio y pausado. Y vi que, al cabo de unos minutos, el teniente se gira, me mira y me hace ‘no’ con la cabeza”. El teniente le trasladó después que había pedido que se adoptaran medidas de seguridad para formar un cerco alrededor de la puerta y que la señora Laplana había dicho que era innecesario y consideraba que no se tenía por qué producir ningún altercado de orden público”.

“Antes de las siete de la tarde se oía la megafonía, una voz femenina que identifiqué como la de Carme Forcadell. En ningún momento me asomé ni al balcón ni a ventana alguna por recomendación de la policía. Los agentes, que sí se asomaron, me confirmaron que era ella. Era de noche, volvimos a oír el ‘votarem’, ‘ni un pas enrere’.

El fiscal ha preguntado si le consta la llegada al edificio de Oriol Junqueras en algún momento del día. Del Toro ha explicado que oyó “un tumulto desde el exterior” y le explicaron que acababa de entrar Junqueras. “Como su despacho no era objeto de registro, no le di mayor importancia”.

“En el despacho de Josep Maria Jové, (número dos de Junqueras) vi que pasaba algo en las mesas que estaban al otro lado de la puerta. Las secretarias personales del señor Jové tenían un documento y entendían que el registro no se extendía a sus mesas. El magistrado instructor dijo que se podía acceder a ello. Los policías judiciales se lo expusieron a las secretarias personales. La documentación de la mesa de las secretarias no se incorporó, finalmente”.

Del Toro ha explicado que subió a la azotea del edificio de Economía a las 21.15 horas “con los registros terminados”. Los guardias le dijeron que no subiera porque “no merecía la pena”. La describe como una azotea “difícilmente transitable. Comprendí que mi petición inicial de un helicóptero no habría sido viable porque estaba llena de antenas y cables. Miré abajo y vi un mar de gente, que es lo que nos esperaba a la salida por la puerta principal. En ese momento, tomé fotografías (con la intención de ‘incorporarlas al informe’, que pensaba elaborar al día siguiente sobre ‘las incidencias ocurridas a lo largo del día’, para darlos a conocer tanto al juez como a distintos organismos) de lo que se veía desde allí arriba. La multitud llegaba hasta la plaza de Cataluña y se extendía por las calles perpendiculares”.

Personas de paisano controlaban las entradas y salidas de la consejería, tal era la aglomeración de ciudadanos, que había varias capas de cabezas. No sé cómo definirlo de un modo más gráfico”.

Poco antes de las 22 horas, la comitiva judicial ya estaba dispuesta y “preparada” para salir. “Me asusto, veo que impacta una botella de agua contra el cristal, y me retiro al despacho que estaba ocupado por Sànchez, Cuixart y el teniente de la Guardia Civil viendo cómo iba a realizar la salida”.

“No quería que se me identificara ni se supiera quién soy. Me quedé en el pasillo por donde salieron las tres personas. Primero salió Jordi Sánchez, luego Jordi Cuixart. Vi cómo una persona con un micrófono de TV-3 les seguía preguntando”. “Y unos pasos por detrás vi al teniente de la Guardia Civil que sale también cabizbajo. Le miro y me hace igualmente que ‘no’ con la cabeza. Hablamos y me dice que Sánchez le había comentado que no podía hacer nada para retirar el contingente de gente, de civiles, que se había aglomerado en la puerta. Que no se podían retirar, que no podía disolver la concentración”

“Tuve tres ofertas. Se dirigieron a mí, a través del responsable de la Guardia Civil, para protegerme de contactos personales con quien él considera que no convenía que me conocieran. El teniente hizo de intermediario. La primera es que yo sola saliera por la puerta principal custodiada por dos mossos de seguridad, agentes normales, con chaleco antibalas, me acompañarían hasta donde no hubiera gente y que en la primera boca de metro regresara como pudiera. Esa opción ni la contemplé. No había pasillo, tenía que cruzar por mitad de la gente. Era inadmisible: soy parte de la comisión y tengo que salir de la misma forma que entré, y yo con lo que había visto en la puerta no era una opción segura”.

La segunda: “Me ofrecen un pasillo de civiles a cada lado, podía salir no sé hasta dónde, pero por las mismas razones que rechacé la primera oferta, rechacé la segunda: no podían asegurar que saliéramos como comitiva judicial”. Y la tercera: “En vez de un pasillo de civiles, un pasillo de la Brigada Móvil de los Mossos, solo transitado por mí. No podían garantizar la seguridad de los agentes ni la custodia de los efectos intervenidos por la Guardia Civil. Ni como persona ni como profesional podía permitirse este tipo de salida”.

Finalmente, la salida “alternativa”: el teatro Coliseum. “Me ofrecieron salir por el teatro contiguo. Me explicaron que en el edificio de Economía hay un acceso a una azotea, que no es la última de donde habíamos tomado las fotos, sino un acceso que permite llegar a la azotea del edificio contiguo, que casualmente es el teatro”. “Aprovechando el final de una función, saldríamos entre el público. Me dijeron que no tuviera miedo que me acompañarían ocho mossos vestidos de paisano”.

El juez llamó al major de los Mossos, Josep Lluís Trapero, para exigirle que, en media hora, facilitara la salida de la secretaria judicial del Departamento de Economía. “Le advirtieron de que debía poner todos los medios de que disponía para que, a la mayor brevedad y en un plazo de media hora que no pudo ser cumplido, del modo que fuera, se me permitiera la salida”.

La llamada al juez la hizo cuando tuvo cobertura. Del Toro llamó al magistrado sobre las 22.45. “Recuerdo que solo le dije: ‘Me tienes que sacar de aquí. No podemos salir por la puerta principal y no hay opción. No hay salida. Me dijo ‘no te preocupes, voy a hacer lo que pueda”.

“Le advirtieron de que debía poner todos los medios de que disponía para que, a la mayor brevedad y en un plazo de media hora que no pudo ser cumplido, del modo que fuera, se me permitiera la salida”.

La secretaria ha seguido explicando minuciosamente su accidentada salida. Explicó al teniente que salía “aceptando las condiciones” y con “el acta judicial” y que los guardias tenían “orden de sus superiores de quedarse”.

Ha explicado que tuvo que ser ayudada para saltar un “murete” de un metro en la azotea y que después la condujeron al camerino del teatro. Allí tuvo que esperar “media hora” porque el gerente del teatro puso pegas y se mostraba poco receptivo a dejarla salir. Al salir del teatro: “Corrimos hacia la derecha hasta el primer vehículo no logotipado, que estaba oculto detrás de unas furgonas sí logotipadas. Todo eso pasadas la medianoche”. Ya en el coche, llamó al juez.

A preguntas del fiscal Zaragoza ha dicho: “Preocupación tuve todo el día. Y miedo, a partir de las 21.30 cuando vi lo que había fuera”. Le ha preguntado el fiscal ¿Hubo colaboración de los funcionarios en los registros?: “De algunas personas sí. El resto de funcionarios entiendo la situación, pero colaboración… En fin, estamos acostumbrados a que en las entradas y registros colaboración suele haber poca”.

La abogada del Estado le ha preguntado: ¿Por qué se planteó salir en helicóptero?”. “Vi que no se podía salir por la puerta. Eso se convirtió en un tumulto de gente, no se podía transitar por la calle, inocentemente pensé que se podía salir por otro lado, y solo quedaba por aire”. Y ¿por qué el dueño del teatro Coliseum puso pegas para que saliera por ese edificio?. “No se me comentó, pero lo entiendo”.

La Fiscalía atribuye al presidente de Ómnium Cultural un papel clave en las movilizaciones del 20-S. La defensa de Cuixart ha intentado buscar contradicciones entre lo contenido en un informe que elaboró sobre los hechos del 20-S, que entregó en el juzgado y su declaración de hoy: “Estoy bajo juramento y recuerdo ver salir a uno detrás de otro”, en alusión a Sánchez y Cuixart, ha respondido la secretaria judicial.

Ha detallado su peripecia en la azotea: “Recuerdo perfectamente el muro y luego el acceso a los camerinos, que eran unas escaleras muy estrechas en bajada”. “Tengo poca estatura y era imposible pegar un salto de un metro. Un mosso se puso de rodillas y me pidió que utilizara su rodilla como una escalera para subir primero el muro y luego me ayudaron a bajar por el otro lado”.

«En la salida alguien me sugirió que dejara el material incautado» porque se le podía reconocer. «Dije que el acta y la documentación venían conmigo pasara lo que pasara. Llevaba un bolso grande y pude disimular».

La defensa de Cuixart ha denunciado que la comisión judicial se extralimitó en los registros de la Consejería de Economía, entrando en más despachos de los que autorizaba el auto.

La testigo ha ofrecido un testimonio comprometedor que implica a los dirigentes de las asociaciones secesionistas: «Cada vez que el teniente de la Guardia Civil se dirigía a mí empezaba la frase con ‘el señor Sánchez me ha dicho’”». También ha relatado que «sobre las cuatro de la tarde hasta las diez de la noche mi móvil no tuvo cobertura, y algunos teléfonos fijos tampoco».

El abogado Jordi Pina le ha preguntado si el delito de rebelión figuró en algunos de los autos redactados por el titular del Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona. Del Toro ha confirmado que constaba en las diligencias de instrucción. “¿Como es que no hizo referencia al helicóptero en las declaraciones de la fase de instrucción?”, ha preguntado el letrado. “Simplemente porque los agentes de Policía se rieron en ese momento, aunque yo lo decía muy en serio. Ellos me dijeron que era imposible. Cuando salí a la azotea fui perfectamente consciente de que era imposible”.

La defensa ha tratado de desacreditar a la testigo por su parcialidad, al considerarla beligerante contra el independentismo. Marchena ha advertido: “no puede preguntarle nada relacionado con su perfil ideológico (ya sea Unidad Nacional Española o de Leridanos contra la Independencia). Se han respetado las convicciones ideológicas ‘de todos los que han pasado por aquí’ y aceptar esa cuestión implicaría tener que preguntar por su ideología al medio millar de testigos que acudan al Supremo”. La testigo ha respondido: “Llevo mi vida con la mayor de las discreciones”.

Empiezan las sorpresas anunciadas, a base de testimonios que no aparecieron antes y que empiezan a emerger. La abogada de Forcadell pregunta por qué Del Toro no había indicado en la fase de instrucción que había escuchado la voz de su defendida por la megafonía: «Durante el acto de registro teníamos bastante con la tensión, el estrés y el miedo que estábamos pasando todos. Seguía muy nerviosa, muy disgustada, y aguanté emocionalmente tres o cuatro días en mi puesto de trabajo como buenamente pude. La tensión y el estrés de aquellas fechas del procés me afectaron a la salud”.

Comienza el desfile de los hoteleros. El tribunal llama a Alberto Fraile, director del hotel Gaudí de Reus (Tarragona), donde se alojaron agentes antidisturbios de la Policía Nacional.

Según el fiscal Cadena, en ese hotel estuvieron alojados en 20 habitaciones -40 agentes- y desde el día 19, entre 105 y 110. El director del hotel que rememora los gritos ‘Fuera la policía, fuera las fuerzas de ocupación e insultos’, que niega haber recibido “presiones” para desalojar a los policías del Gaudí de Reus ha confirmado que hubo varios escraches que pedían la expulsión de los agente de su hotel. “¿Se marcharon por propia voluntad o hubo un acuerdo?” “Se acabó la reserva y no teníamos más alojamiento”, ha respondido el testigo.

El turno de Sergi Travé, director del hotel Travé, de Figueres (Girona). Ha pedido al tribunal, y así se le ha concedido, que no se difunda su imagen. Travé “no recuerda” exactamente cuántos policías tuvo alojados durante los meses álgidos del procés, pero dice que fueron “más de un centenar”. El fiscal pregunta si hubo “actos de hostigamiento o acoso”, pero Travé lo niega. “Las dos únicas que he visto eran pacíficas”. Ha explicado que recibió “numerosas llamadas” al hotel “para hacer presión para que se fueran, tantas que tuvimos que cortar el teléfono”. El administrador recibió insultos y amenazas y las personas que comunicaban amenazaban con boicotear al hotel. El director ha dicho que comunicó esas llamadas a los policías: “No podíamos ejercer nuestro trabajo”.

Ahora la vez corresponde al práctico (asesor del capitán para las maniobras de atraque, desatraque y fondeo) del puerto de Palamós, Pedro Buil Armengol, capitán de la marina mercante, que ha echado por tierra la declaración del ex conseller de Territorio, Josep Rull, que adujo motivos técnicos para no permitir la entrada del barco en Palamós.

El fiscal Cadena le ha preguntado: “¿Remitió usted una carta al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña?”. “Afirmativo. Leí en la prensa un articulo donde exponía la declaración del señor Rull, conseller de Territorio, y me pareció deleznable que se implicara a un funcionario del Estado central de algo falso. Podía ser sancionado por la administración y no hay derecho que un conseller involucre a alguien falsamente”.

Esta declaración tiene que ver con la no autorización por parte de la Generalitat, al ferry Moby Dada (Piolín) fletado para alojar a policías, a atracar en el puerto gerundense. El fondeo es en aguas exteriores del puerto y el amarre es interior y sí depende de Capitanía Marítima. La autoridad marítima -la Capitanía- de Palamós permitió el fondeo en aguas exteriores del puerto de Palamós, pero la Generalitat, de quien depende el puerto, no permitió el atraque en aguas interiores.

El fiscal Fidel Cadena ha preguntado: “¿Era técnicamente viable atracar el barco en el puerto de Palamós?”. “Afirmativo. El barco estaba en buen estado, el mar estaba en calma. Los muelles estaban totalmente desocupados. La eslora del barco era compatible con los barcos de crucero que tenían previsto entrar en Palamós en los días siguientes”.

Xavier Xirgo, director del diario catalán El Punt Avui. La fiscal Madrigal le ha preguntado sobre la inserción de anuncios relacionados con el 1 de octubre. En particular, una campaña de promoción de las votaciones en las que aparecía una vía del tren. “Llegó un requerimiento del TSJC diciendo que paráramos y, a partir de ese día, no se publicó”. Xirgo dice que se emitieron “sin ánimo de lucro”.

“Aparte de informar y opinar, en algunos temas, si son fundamentales, la publicidad se inserta de forma gratuita; no es habitual, pero sí para transmitir valores fundamentales sociales, éticos y democráticos. Con la Fundación Pasqual Maragall lo hemos hecho. La empresa pensó que el derecho a decidir era un valor fundamental”.