Un año después del controvertido intento de golpe de Estado, Turquía sigue sin asentar la paz y quedan incógnitas sin despejar. No acaba de estar claro lo que ocurrió en los distintos escenarios en que transcurrió el intento de sedición, ni las motivaciones y actuaciones de sus protagonistas. Pero hay hechos probados que permiten anticipar un juicio, aunque no sea definitivo.

El plan preparado por Adil Öksüz (49); teólogo y persona de toda confianza del clérigo Fethullah Gülen (76); habría consistido en reunir a un grupo de soldados de élite que arrestaría al presidente Erdogan (63) para llevarle, detenido, a un barco en el Mediterráneo.

20170712 Luis Sanchez Merlo La Vanguardia

Al presidente, el motín le sorprendió en Marmaris, donde se encontraba de vacaciones, con parte de su familia en el Hotel Grand Yazici Club Turban. De regreso a Estambul, dos cazas F16 acosaron al Gulfstream IV presidencial, sin lograr su propósito.

Mientras, el clérigo exiliado en su fundo de Saylorsburg (Pensilvania), seguía los acontecimientos acomodado en una tupida red de confidentes, entre ellos Öksüz, conocido como el “Imán del ejército”, responsable de mantener la influencia del movimiento gulenista entre los militares.

Amigos y cómplices durante décadas; Erdogan a través de su partido, el AKP, y Gülen, apoyándose en su criatura, el Ismet (“la cofradía”); controlaron conjuntamente la enseñanza, la judicatura, el ejercito o la policía. La prolongada luna de miel terminó de forma abrupta cuando, en 2013, salieron a la luz las investigaciones sobre supuestas prácticas corruptas de funcionarios, ministros, alcaldes y familiares de gobernantes del partido gobernante.

El presidente culpó a la “cofradía” de destapar los trapos sucios, y la lucha por el poder condujo al divorcio. Desde aquella ruptura, Erdogan considera terroristas a los seguidores de Gülen, (FETÖ); y la “cofradía” trata de descabalgar al jefe del Estado.

Erdogan ha usado como excusa para lanzar una ofensiva en toda regla contra todos aquellos que no le apoyan, el ataque a su gobierno

Ayuda a interpretar el fracaso del golpe, la orden dada a los soldados que participaron que adelantó seis horas al plan inicial. Esto supuso un error fatal para los golpistas ya que permitió a Erdogan, con la ayuda casera de Facetime y CNN Türk, levantar a la población contra los golpistas. Si el golpe se hubiera llevado a cabo, como estaba previsto, en las primeras horas de la mañana, la movilización popular no hubiera sido igual.

Mientras Erdogan mantiene que Gülen ordenó el golpe desde su exilio americano y sus seguidores en el ejército -sobre todo en la fuerza aérea- intentaron hacerse con el poder por la fuerza; el poderoso clérigo mantiene que todo fue organizado por el propio Erdogan para reforzar su poder.

Los aliados occidentales (Turquía es miembro, cardinal en tropas, de la OTAN, y aburrido aspirante a integrarse en la UE) no saben con cuál de las dos versiones quedarse. Lo cierto es que Erdogan ha usado como excusa para lanzar una ofensiva en toda regla contra todos aquellos que no le apoyan, el ataque a su gobierno. La purga.

Mustafa Kemal Atatürk, padre de la Turquía moderna.

Como era de prever, la justicia americana sigue sin conceder la extradición de Fetullah Gülen, solicitada por el gobierno turco. Pero este pormenor, en un escenario internacional tan volátil, sería ingenuo considerarlo como definitivo.

El nuevo sultán sigue en el empeño de acabar con “la cofradía” y consolidar un estado islamista y autoritario. Lo que equivale a enterrar el legado de Atatürk, símbolo de la independencia y tenaz defensor de la laicidad.

Desde la noche del putsch, hay cuestiones espinosas que continúan sin respuesta y una de ellas podría ser esta, dado que las agencias gubernativas conocían con antelación los planes ¿por qué el gobierno no actuó antes contra los insurrectos?

El nuevo sultán sigue en el empeño de consolidar un estado islamista y autoritario. Lo que equivale a enterrar el legado de Atatürk

También ha quedado probado que la noche de autos, el ‘organizador del golpe’, Öksüz estuvo en Akinci, la base de la fuerza aérea, situada en las proximidades de Ankara y cuartel general del golpe la noche del 15 de julio. Intentó, en vano, escapar; y tras su detención fue temporalmente excarcelado por un juez, por razones desconocidas. Tras su liberación, huyó y el juez, detenido posteriormente, reconoció haberse mantenido en contacto con la “cofradía”.

Quedan como hechos ciertos: 300 muertos (la mayoría de ellos soldados golpistas), 50.000 detenidos (de ellos, 3.000 militares), 41.325 en prisión preventiva, 35.495 en libertad con cargos, 140.000 funcionarios civiles (maestros, jueces y fiscales, médicos y policías) suspendidos, 170 medios de comunicación cerrados y, al menos, 150 periodistas encarcelados.

Entretanto, el Parlamento Europeo acaba de exigir el cese de las negociaciones de adhesión, lo que equivale a condenar la falta de democracia en Turquía, donde se ha producido un visible retroceso democrático. La pretensión de la Eurocámara tiene que ver con la pingüe victoria del sí a la reforma constitucional (aprobada en referéndum por el 51,2% de la población) que supone la asunción por Erdogan de la jefatura del Estado y del Gobierno y el papel subsidiario del parlamento.

Erdogan no consigue la paz en casa: el terrorismo secuencial sigue al acecho y se agrava la ansiedad por la seguridad de las fronteras

El formidable desarrollo económico del país, con Erdogan al mando, no se compadece con el raquitismo democrático interior y el incipiente aislamiento exterior.

El primer presidente de la Turquía moderna, Kemal Atatürk, acuñó un lema, “paz en casa, paz en el mundo“, que guió sus pasos y sirvió de santo y seña a los amotinados el verano pasado.

Tras una revuelta que muchos consideran inconclusa, Erdogan no consigue la paz en casa: el terrorismo secuencial sigue al acecho y se agrava la ansiedad por la seguridad de las fronteras. Ello infiere que no cesa la represión a los kurdos, cuyo “valor” ha crecido por su eficaz contribución en la guerra en Siria, con  protección americana y dolor de cabeza, doble y crónico, para el sultán que, con toda intención, los considera terroristas.

La “cofradía”, debilitada por las purgas, no está desmontada pues no ha conseguido derrotar a su enemigo acérrimo; y la oposición comienza a despertar, con el apoyo de quienes no comulgan con la deriva autoritaria islamista. Esto ha quedado visualizado en la reciente marcha a pie desde Ankara a Estambul (450 kms reclamando justicia), encabezada por Kemal Kilicdaroglu (68), líder del Partido Republicano del Pueblo y jefe de la oposición, quién desde el primer momento, había declarado su rechazo al intento de golpe.

El Gran Sultán sabe que perpetuarse pasa por aislarse

Tampoco tiene paz en el mundo, pues ese golpe, mal entendido, le ha llevado a perder crédito a chorros entre sus socios. No se encuentra en la rampa de salida para acceder a la Unión Europea; los aliados atlánticos, que tienen armas nucleares en Incirlik, base aérea decisiva para combatir al Estado Islámico, ven con aprensión los coqueteos con Rusia mientras Arabia Saudita y sus aliados del Golfo, quieren frenar la construcción de una base militar turca en suelo qatarí.

La apuesta por el islamismo sin ambages, que rompe con un laicismo secular, la extraña purga en cuerpos sociales sensibles, el acercamiento a los enemigos de sus aliados, son errores que trasmutan en un síntoma, el arrinconamiento. Y al paso que avanza la transubstanciación de los postulados kemalistas, solo quedará -como vestigio- la letra del himno nacional.

El Gran Sultán se prepara, como un morabito, para santificar su figura a costa de su soledad. Ha entendido la idiosincrasia turca. Sabe que perpetuarse pasa por aislarse. Ha actuado ante la comunidad internacional con malicia. No quiere la paz si le aparta del poder, prefiere la soledad de la guerra, que le glorifica, que le hace eterno. Pero si no consigue la paz, empezando por casa, la soledad puede terminar pasándole factura.

Artículo publicado el 15 de julio de 2017 en La Vanguardia.