En Mallorca, la llegada del estío da paso a corrientes de origen marítimo que favorecen una moderación de las temperaturas y determinan la formación de nubosidad y, ocasionalmente, precipitaciones. Este ligero y suave viento terral, que en la isla se denomina embat o marinada, se levanta al mediodía, entra desde el mar hacia tierra y refresca el ambiente.

La brisa marina se calienta ­progresivamente al tocar la costa, lo que provoca su ascensión y cambio de dirección en altura, volviendo hacia el mar, en un ciclo giratorio tan continuado como las horas de calor durante el día. Con la puesta de sol, el embat se detiene.

En un verano de temperaturas extremas como este, el calendario político está coincidiendo con el viento cálido que dejó en abril unos resultados insuficientes para todos los contendientes.

El tiempo táctico y térmico utilizado para amansar posiciones ha ido aconteciendo sin lograr sus objetivos. Poco duraron los complacientes regocijos iniciales, pues la realidad se ha ido imponiendo y setenta días después ha colocado a cada uno en la realidad de sus números. De manera que seguimos estando donde entonces, con el embat soplando y la desafección en inextinguible implosión.

Siguiendo la metodología del profesor Vacchiano, en un análisis microbiano de los agentes patógenos que se han ido acumulando, tras las cuatro elecciones celebradas en el periodo de un mes, hay que subrayar algunos trazos destacados:

El ganador no quiere repetir los errores del pasado, dando ­bazas a sus contrarios. Eso explica que permanezcan velados los arrastres de Pedralbes y las ­agendas de los viernes sociales. El partido ­socialista, a pesar de sus números, escasos para gobernar sin ayudas, reclama soberanía plena, dejando claro que quiere mandar sin compañías no de­seadas ni entorpecimientos. Sólo le valen las abstenciones, sin ­exigencia alguna a cambio. Y ahí radica la dificultad de resolver la ecuación porque quien más quien menos reclama algún tipo de ­recompensa.

La “izquierda absoluta” ha salido agrietada de los comicios de mayo, lo que le ha supuesto dejar de ser la inquietante sombra que fue para su vecino, aunque disponga de un placentero colchón de cuarenta escaños que hacer valer. Los errores estratégicos e inmobiliarios han supuesto un quebranto existencial, y la pérdida de valiosos críticos ha espoleado su descapitalización. Eso no resta lucidez a su análisis cuando dice que su socio natural en municipios y autonomías actúa como si tuviera mayoría absoluta cuando no la tiene, que no es coherente buscar, por igual, apoyo en la izquierda y en la derecha y que no es serio ir a una investidura sin apoyos, amenazando con una repetición electoral.

Los contritos populares, renovados de liderazgo y con el incómodo ritornello de la endémica corrupción, han capeado como han podido la espantada del rajoyismo, con resultados anodinos, pérdidas de apoyos históricos y las costuras rotas en Catalunya y País Vasco, donde han entregado la cuchara. Sólo un meritorio pragmatismo en la gestión del mal humor les ha salvado de besar la lona, como ya sucediera con UCD. De momento, han logrado acallar el chafardeo sobre la idoneidad de sus dirigentes y recuperado estatus como ocasional cabecilla de la oposición.

Los ciudadanos han tenido su primera crisis de adolescencia desde que dejaron al país con la boca abierta al convertirse en el primer partido político de Catalunya. Para el hasta ahora partido con vocación de bisagra, el epítome del desaliento que le ha llevado donde está, ha sido el incomprensible traslado de su valerosa lideresa a Madrid, la fragosa ruptura con el concejal Valls, el goteo de deserciones, la invitación a los apóstatas a apearse del barco o los ascos a dejarse ver con la “derecha absoluta”…. De tocar la Moncloa con los dedos, cuando don Mariano se fue al 31, a evocar infortunios lejanos. El mayor riesgo es convertirse en irrelevante y esa no deja de ser una pésima noticia porque sus ideas siguen siendo necesarias.

De tocar la Moncloa con los dedos, cuando don Mariano se fue al 31, a evocar infortunios lejanos. El mayor riesgo es convertirse en irrelevante y esa no deja de ser una pésima noticia porque sus ideas siguen siendo necesarias.

Los recién llegados a las ins­tituciones, parias sin derecho a ­fotos, que no se conforman con dejar a otros que se repartan el botín con cargo a sus votos, se han plantado, con lo cual quedan en un limbo, con la incertidumbre electoral de un futuro poco despejado, ya que los dilemas siempre van a beneficiar a la derecha eterna.

El viento térmico alienta la formación de tormentas al final del verano que terminan con chubascos locales de cierta intensidad y rompen con el ciclo del embat. Es de suponer que algo parecido pudiera ocurrir con el actual force-jeo político que no da cuartel, al no cuajar las mayorías suficientes con las que apuntalar la estabilidad política y auspiciar la aprobación de los presupuestos generales del Estado.

El embat es muy constante, como la actual crisis política, en que la meteorología territorial es un buen espejo. Cuando se dibuja una línea más oscura en el horizonte (investidura o repetición de elecciones), aparece un viento que se va acercando a tierra. Eso ocurre diariamente, como consecuencia de la variación de la temperatura. El viento sopla durante las horas de máxima insolación y su dirección se invierte, con menor intensidad, durante la noche.

La observación microbiana arroja pocas certezas. Tras cinco intentos, todo parece indicar que, al esfumarse la confianza, concluyó el flirteo de los socialistas con la izquierda extrema. En la encarnación de los designios secesionistas, sólo los nacionalistas vascos siguen cortando el cupón, como se está viendo en Navarra. Los ciudadanos parecen decididos a acabar con la etiqueta de volatilidad que les persigue. Los populares bastante tienen con conllevar el rosario judicial que les aguarda, y al recién llegado, la “derecha absoluta”, no le queda otra que favorecer el impulso del viento en lugar de propiciar embestidas que pueden equivaler a la fecundación del infinito.

Queda la añoranza de aquel tiempo cuando los chicos –ya de vacaciones– esperaban en las bahías de Palma, Pollença y Alcúdia, con las primeras horas de la tarde, la entrada de los “aires de l’embat”, viento gratificante, para echar a volar sus cometas.

Artículo publicado el 12 de julio de 2019 en La Vanguardia.